Se dice que en el Edén originario, debajo del Árbol del Bien y del Mal, floreció un arbusto de rosas. Allí, junto a la primera rosa, nació un pájaro, de bello plumaje y un canto incomparable y cuyos principios lo convirtieron en el único ser que no quiso probar las frutas del Árbol. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, cayó sobre el nido una chispa de la espada de fuego de un Querubín, y el pájaro ardió al instante. Y al tercer día, de las cenizas, se alzó una Ave nueva, de plumaje majestuoso y canto celestial.

El Ave Fénix es un símbolo de resiliencia, una capacidad que algunas personas tienen para renacer de situaciones adversas y salir adelante. Se decía de él que sus lágrimas eran curativas, que tenía una gran resistencia física, control sobre el fuego y una sabiduría infinita. En China, por ejemplo, el Fénix o el Feng Huang simboliza no solo la más alta virtud, el poder o la prosperidad, sino que además, también representa el yin y el yang, esa dualidad que conforma todo lo existente en el universo.

 

SENADORA CARMEN SANGUINETTI Y JUAN MANUEL BADO, SOBRE EL PROYECTO “FÉNIX” QUE CONSISTE EN ENSEÑAR RUGBY EN LAS CARCELES COMO FORMA DE ENCARAR UNA NUEVA OPORTUNIDAD DE VIVIR. Y DE COMO HACERLO LEY.

 

¿Cuántas cárceles hay en Uruguay?

Senadora de la República CARMEN SANGUINETTI : En Uruguay hay 26 cárceles, con realidades muy dispares, en COMCAR (Unidad N° 4 «Santiago Vázquez») por ejemplo, son como barrios, muy diferentes y con realidades muy crudas. Después hay otras más pequeñas como la de Florida, que es una cárcel más cuidada, podríamos decir que más linda. Son bien diferentes y cada una ofrece una propuesta distinta. Desde el tipo de edificio hasta el trato que reciben las personas privadas de libertad.

En los últimos 20 años, la población penitenciaria se triplicó. A simple vista pareciera ser que si eso ocurrió, debería haber disminuido el delito. ¿Pasó de esa manera?

Uruguay escaló en ese ranking y hoy es uno  de los países con más presos por cantidad de habitantes. Tenemos un problemón ahí porque esto no quiere decir que se haya bajado el número de delincuencia, para nada.

Entonces las preguntas que nos hacemos es ¿Qué pasa cuando estas personas ingresan a la cárcel? ¿Qué pretendemos como sociedad, como Estado, que suceda en la cárcel? ¿Cuál es el proceso que tiene que darse para que esas personas no reincidan cuando estén el libertad?

Es un problema muy complejo que comienza en la educación. Me pasó cuando visité el módulo 11 del COMCAR que veía muchos jóvenes con las miradas perdidas, como desesperanzados. Uno se pregunta ¿dónde estamos como sociedad, como Estado en estas vidas? Hoy hay gente con vidas muy duras, con realidades muy crueles, que van desde nacer de embarazos no deseados, infancias durísimas, consumo de drogas a muy temprana edad. Es una cadena de situaciones que llevan a la delincuencia y termina en estos niveles que tenemos hoy y que preocupan.

¿Cómo funciona la defensa pública en Uruguay? ¿Es parte del problema?

No soy abogada, no es esa mi área de expertiz pero seguramente tenemos allí un desafío.

¿Qué es la OCP (Oficina del Comisionado Parlamentario) y que función tiene?

Es una oficina que a mi juicio cumple un rol bien importante. En este momento lo ocupa Juan Miguel Petit que fue votado por unanimidad el año pasado, una persona conocida por los uruguayos, un ser humano excepcional. Él y su equipo (trabaja con voluntarios y profesionales) se encargan de evidenciar, de poner una lupa encima de esta realidad tan cruda y tan compleja de nuestro sistema penitenciario, para poder visibilizarlo hacia la sociedad. Luego Petit hace otro trabajo que tiene que ver con la vida cotidiana de los presos y sus familias, es un conocedor al dedillo de la realidad de las cárceles y cumple un rol de articulador. A través de sus informes hacen una radiografía de lo que es hoy nuestro sistema penitenciario, que vale la pena mirar. Trabajan estudiantes avanzados de derecho, un sociólogo, un abogado, en definitiva se hace desde allí una tarea bien valiosa y bien relevante que yo lo veo como ejemplo que se podría tener en cuenta para otras áreas como la primera infancia.

¿Por qué después de 15 años funcionando esta OCP, aún no está institucionalizada?

Buena pregunta. El Comisionado Parlamentario es un legislador más. Físicamente trabajan, tienen su espacio en el Palacio Legislativo. Lo que hay es una falta de priorización con esta temática. Pero ha venido en aumento la visibilidad de esta problemática a raíz del trabajo que comenzó haciendo Guillermo Maciel y luego continuado por Juan Petit.

De todos modos, tenemos que seguir sensibilizando al sistema político y a todos en general sobre la importancia de este tema.

Antes de la llegada de la pandemia, si uno miraba las encuestas de opinión pública, la principal preocupación de los uruguayos era la seguridad. Pareciera ser que por un lado nos preocupa la seguridad pero no lo asociamos con lo que pasa en las cárceles. O no lo queremos ver. Juan Petit tiene una frase que está muy buena que dice “Ir a las cárceles es como un viaje a la condición humana”. En algún punto es muy duro de mirar. Podría ser yo quien está allí, si hubiera nacido en otro contexto. Hay algo de la crudeza de lo que pasa allí, que hace que se nos haga difícil mirarla  a los ojos.

Es impresionante las cosas que organizan, Congresos, charlas encuentros, ¿Avanzan las ideas propuestas en esos encuentros?

Te contesto con un ejemplo. Yo trabajé bastante en la periferia de la ciudad de Nueva York, con poblaciones en situación de vulnerabilidad. Ex adictos, ex privados de libertad, en un programa que se llamaba “Work Opportunity for Tax Credits” (Oportunidad de trabajo para créditos fiscales). Un programa americano que sigue funcionando al día de hoy y se trata de otorgar un incentivo fiscal para aquellas empresas que se animan a contratar a personas que salen del sistema penitenciario. ¿Por qué ayudarlos? Porque sabemos que esas personas tienen un estigma y las empresas no se animan.

En Febrero 2020 empecé a hacer un relevamiento, a conversar con el director de la DINALI (Dirección Nacional de Apoyo al Liberado) y otras autoridades, para consultarles si aquí se había hecho algo así. Comenzamos a movernos en ese sentido y en el mes de Julio organizamos un encuentro. Invitamos a la sociedad civil como el Enano (Juan Manuel Bado) y otras personas que están trabajando en el sistema penitenciario, a las eventuales empresas que les pueda interesar contratar y a las autoridades. Fue la primera vez que estuvieron todos juntos.

Si bien lo que logramos fue poner un artículo en la Ley de Presupuesto, que le da como un paraguas legal a esto de ofrecer incentivos fiscales y nos posibilita a recibir alguna ayuda, sucedió que esto de las sinergias se fue dando porque a veces tenes temas profundos que tienen que ver con políticas públicas y otras que tienen que ver con que el director no me dio un lugar para guardar las pelotas de rugby y eso me implica un problema. Hoy la sociedad civil no está trabajando de manera tan coordinada y entonces se pierde la posibilidad de hacer sinergia primero entre ellas y después con el Estado.

Hay un ejemplo muy lindo en Argentina que es una organización que se llama “Red Creer” con la que venimos trabajando, que lo que hacen es generar una articulación entre todas esas organizaciones que están de alguna manera aportando al sistema penitenciario, para lograr impacto en las vidas, que es lo que estamos buscando.

 

JUAN MANUEL BADO VOLUNTARIO DEL PROGRAMA FENIX

¿Qué es el Programa Fénix?

El proyecto Fénix arranca hace dos años, de la mano de un programa de desarrollo del rugby en el interior, en escuelas públicas y en cárceles entre otros lugares y  yo vivo en Punta del Este y estoy vinculado al club Lobos. Allí trabajo con Gonzalo Mieres coordinando las inferiores y fue con Gonza que empezamos a ir a la cárcel de Las Rosas en Maldonado para ver si podíamos empezar con el proyecto de rugby.

La libertad no es digna de tener si no incluye la libertad de cometer errores
Mahatma Gandhi

Nos empezó a acompañar un veterano, Carlos “Charlie” Gatica, que es un personaje muy querido en el medio, trabajó con Los Espartanos en Argentina, en el penal de San Martín. Acá es importante agregar que hicimos una gran relación con Los Espartanos, hemos tenido charlas encuentros y siempre nos están ayudando.

Charlie nos dio una gran mano. También se dio que el gerente de desarrollo del este de la URU (Unión de Rugby del Uruguay) es Gonzalo Camardón y nos apoyó, nos acompañó a las primeras prácticas, hizo la coordinación con la dirección de la cárcel. Así empezamos y hasta el comienzo de la pandemia, llevábamos 4 partidos jugados. Se cortó antes de lo que iba a ser un acontecimiento histórico, porque por primera vez íbamos a salir de la cárcel a jugar contra el equipo de COMCAR.

¿Por qué consideras importante la práctica de deportes para personas privadas de libertad? ¿Qué les puede aportar?

Por salud y vitalidad pero no solo para personas privadas de libertad, el deporte tiene que ser para todos.

Carmen: Yo te agrego que las personas privadas de libertad probablemente están expuestas a un nivel de tensión y de violencia que seguramente sea mayor al nuestro y en definitiva el deporte es un vehículo de escape para canalizar la frustración, el dolor, la angustia. Yendo a cuál es el rol que nosotros entendemos debería cumplir la cárcel pienso que no debería ser un lugar para castigar a la gente, sino un lugar donde los que pasan por allí, salgan mejores. Y eso no es lo que está pasando hoy donde las cárceles tienen puertas giratorias, las personas salen por una y vuelven a entrar por la otra. Se genera un círculo vicioso complejísimo. Si estuviéramos articulados y coordinados los apoyos y los sostenes desde las adicciones (8 de cada 10 personas privadas de libertad, padecen consumos problemáticos de sustancias), desde la salud física, la salud mental. Si hiciéramos un buen trabajo ahí y luego trabajar coordinados con las redes de contención cuando salen, con posibilidades laborales…si a esto le sumas el deporte…la realidad sería otra.

¿El deporte también ayuda a estas personas porque les muestra que hay reglas para hacer las cosas?

Juan Manuel: Eso es totalmente positivo y favorable. Me tocó jugar con ellos, contra ellos y arbitrarles. En todos los entrenamientos terminamos con 20 minutos de partido que se dan a morir, descargan mucha violencia pero en el buen sentido. Nunca hubo un sobresalto, nunca un insulto, nunca voló una mano. El respeto es óptimo, nunca nadie se desubica. Trabajamos con personas que no saben la diferencia entre bien y mal, porque en su familia desde sus bisabuelos en adelante fueron delincuentes. Nosotros desarrollamos una forma de manejarnos con los PPL (personas privadas de libertad) y la verdad que es espectacular ver como ellos logran entender. Fuimos machacando y ahora ellos se adecúan, tienen su equipo, respetan al compañero, al rival y al juez. Punto. Ahí termina nuestro trabajo. Después pasa de todo. Hay recaídas con drogas, hay peleas en las celdas…

Al principio las autoridades de la cárcel nos miraban de reojo, con desconfianza. Ahora ya nos ven como algo necesario. El año pasado el 13 de Marzo empezó la Pandemia y el 10 de abril nos llamaron para que vayamos a entrenar porque la gente estaba por amotinarse. Les habían cortado el deporte el trabajo y las visitas. Así que ya para el 15 de abril estábamos entrenando y haciendo tapabocas con los muchachos.

Carmen: Hay una frase que se aplica a la educación que dice que “todo niño precisa de un adulto que crea en él”. Y acá pasa algo parecido. Las personas privadas de libertad necesitan otro que crea en ellos.

Juan Manuel: Nosotros hablamos de posibilidades. A nosotros la vida o Dios, nos dio una posibilidad y a otros le dio otra. Esa posibilidad para ellos se está dando ahora: Tener alguien que les marque las reglas de juego y ellos en el 99% de los casos de adaptan perfectamente.

¿Cómo es la progresión para enseñarles un deporte en donde vale golpearse pero no pelearse?

Juan Manuel: Es de locos pero es como con los niños. Ellos precisan alguien que les tire de la oreja y que los ordene. Es lógico, de tanto caos llega un momento que naturalmente necesitan un poco de orden. Que no lo tienen en la cárcel. Y nosotros le damos ese marco de orden, respeto y reglas claras. Así que vienen, les explicamos bastante sobre el juego y después viene la parte más brava que es donde nosotros debemos involucrarnos para que ellos nos vean y puedan entender los movimientos jugando en una cancha de tierra y pedregullo. ¡Hoy te digo que es lo que más extraño!

Me involucré bastante, empecé a estudiar, les hacemos sesiones de respiración, charlamos mucho con ellos, les decimos que nos usen que nos aprovechen, les dimos confianza.

La otra vez me preguntaban qué era lo que más necesitábamos y respondimos CONTENCIÓN, que se arrimen especialistas en adicciones, asistentes sociales. Son locos a los que nadie nunca los escuchó. Muchos de ellos jamás tuvieron una persona que los quiera. Es un punto muy álgido.

Carmen: Yo aquí no trabajo en contacto directo con las personas privadas de libertad pero cuando vivía en el estado de Texas en Estados Unidos iba como voluntaria una vez por semana a la cárcel de varones jóvenes donde eran casi todos latinos. Yo estaba embarazada y quizás eso me hacía estar más sensible pero yo veía un dolor en el alma de esos chiquilines que sentían que habían defraudado a su familia, cada visita era una sesión catártica, necesitaban que alguien los escuche. Hay un tema de humanidad que se pone en juego y hay carencias muy significativas, muchos lugares hacinados. Las mismas personas que allí trabajan realizando los cuidados no tienen posibilidad de hablar con uno y con otro. No pueden hacerlo, no les da el tiempo. Yo en este tiempo me he topado con funcionarios excelentes que van más allá de lo que su función requiere, pero es un trabajo duro y exigente.

Estoy convencida que de que se puede dar una sinergia entre la sociedad civil y el estado

¿Cómo se logra concientizar a la población de la importancia de estos programas?

Carmen: Como decía Juan Miguel, “Es un viaje al interior de la condición humana”, es una dura realidad pero estamos en un punto donde debemos entender que todos somos parte del problema y por lo tanto, podemos ser parte de la solución.

La pandemia nos mostró de una manera clara la importancia de la solidaridad. Sea esta temática, sea la educación, o cualquier otra, sobre todo aquellos que tuvimos la posibilidad de recibir una buena educación y tener un montón de cuestiones resueltas, probablemente seamos muchos los que podemos dar un poco más.

Esto que hacen con el rugby masculino, ¿hay alguien que lo haga con el femenino?

Juan Manuel: Empezamos mixto. Gonza Camardón era quien más quería que las mujeres jueguen, pero la verdad es que las chicas son mucho…muchísimo más complicadas, tuvimos problemas de todo tipo, así que optamos por separarlos. Pero ahí tampoco nos convencía ir nosotros al área de mujeres de las Rosas…también iba a ser para problema. Por ahora está en stand by pero es un debe que tenemos porque había chicas muy valiosas, que jugaban, valientes, te tackleaban, iban para adelante. Pero muy problemáticas. Los guardias nos decían que eso se da en todas las cárceles y a nosotros nos sorprendió ese dato.

Carmen: Tengo dos cosas para decir. Magdalena Narbondo está liderando futbol en la cárcel de mujeres.

Cuando visité el COMCAR me comentaron esto mismo que está diciendo Juan Manuel pero la realidad es que la cárcel de mujeres prácticamente no recibe visitas, no van las parejas, difícilmente vayan las madres porque generalmente son las que se quedan con los hijos de ellas…es muy tremendo lo que pasa con las mujeres privadas de libertad.

Juan Manuel: Gonza Mieres siempre las quiere meter a jugar pero los guardias no nos dejan. Había una jugadora que podría haber jugado en el exterior. Una tipa con un carácter, un ímpetu, una violencia para jugar, pero era agresiva también fuera de la cancha, entonces siempre la suspendían y le sacaban lo que más le gustaba: el rugby. Es igual que con uno, podes ser violento pero si te dan algo para canalizar esa violencia, podes usarla para bien.

Carmen: Cuando visité COMCAR estaban entrenando boxeo, y te dabas cuenta de que había algo de catarsis en esos golpes, era súper necesario canalizar esa violencia.

Durísimo ese dato de las mujeres privadas de libertad solas en la cárcel…

Carmen: Estuve en la cárcel de Florida, que es una unidad que tiene hombres y mujeres, de hecho hubo un casamiento el día anterior a mi visita. Le pregunte a la Directora sobre el tema y me dijo: “Muchísimas más visitas a hombres”. Es una brecha de género de la que no se habla mucho, pero está ahí…presente.

¿Cómo manejan tema lesiones cuando entrenan y juegan?

Juan Manuel: Es un tema. Y bueno, hay un médico en la unidad y nosotros por suerte tenemos a un conocido que es médico, recién se jubiló y está con ganas de ayudar. Igual las lesiones de rugby por suerte nunca pasaron de un esguince, en ese caso le damos tres semanas de descanso y chau. Nunca tuvimos lesiones serias, pero es un tema que tenemos muy presente.

¿Cómo trabajaron en 2020 con la Pandemia?

Juan Manuel: Ellos siguieron entrenando en las celdas con trabajos que les hicimos en espacios reducidos que van desde push ups hasta algo con TRX. Muchos ejercicios de boxeo, casi todos los jugadores tienen una base de box porque hicieron o hacen en el penal. Pero eso por suerte duro poco. Al mes pudimos volver a entrenar y mira cómo era la cosa: el problema éramos nosotros porque en la cárcel no había COVID-19, así que manteníamos la distancia y ellos jugaban. Hacíamos entrenamientos casi normales, de mucha intensidad. Los guardias nos decían que los chicos quedaban hechos una seda, después de entrenar se daban una ducha y se iban a dormir.

Ahora sí está complicado, saltaron varios casos y el lugar que usábamos de gimnasio ahora es un pequeño hospital COVID-19, así que está totalmente cortado. Ellos están entrenando.

¿De dónde sale el material con el que trabajan? ¿Pelotas, camisetas, escudos…?

Juan Manuel: Las cosas de gimnasio las hacen ellos, armaron un gimnasio entero con pesas caseras y las pelotas, conos, algún escudo y las camisetas, nos la dio la Unión de Rugby (URU). Tienen un convenio con el programa “Pelota al medio” que depende del Ministerio del Interior. Y desde allí nos bajaron muchísimo material. Lo que nos pueda faltar es porque nos demoramos en pedirlo, porque la verdad es que siempre hubo muy buena disposición.

¿Qué apoyos recibe el Programa Fénix?

Juan Manuel: Nosotros tuvimos apoyo de un privado para hacer las camisetas, un amigo nuestro de Lobos de toda la vida, Gonzalo Aguilera que tiene una empresa de distribución de quesos y me dijo “Yo te apoyo con esto”. Nada más.

¿Qué pasa cuando la persona privada de libertad sale de la cárcel? ¿Cómo abordan esa instancia desde el Programa? ¿Ya tuvieron experiencias de trabajo con gente que salió de la cárcel?

Juan Manuel: Voy un poco más atrás. Nosotros tenemos un sueño con Gonza Mieres, Charlie y Carmen, que es la madrina de Fénix, de hacer un Torneo Inter carcelario, lo que implicaría que en todas, o en la mayoría de las cárceles haya un equipo de rugby. Para eso, se necesita cierto volumen de gente que no es sencillo lograr.

Porque ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás
Nelson Mandela

Tenemos al Tecla (Martín Mendaro) en Paysandú que está arrancando, a Agustín Sojo, un Old Boys, en Durazno. Es importante tener rugby en varios puntos del país. Las autoridades lo vieron como algo muy positivo. Hay que darle forma y conectar ahí para que salga.

Lo siguiente que me preguntabas con respecto a los liberados, a nosotros nos pasó que muchos ya están en la calle, hay 10 jugadores del equipo inicial de Fénix que están en la calle y salen sin trabajo, obviamente sin contención familiar, sin sus antiguas amistades porque con ellas vuelven al delito.

En ese contexto, se le ocurrió a Charlie Gattica, que trabaja de limpiavidrios profesional,  armar una cooperativa de trabajo bajo el paragua de Fénix y el primer trabajo que conseguimos fue el de limpiavidrios en casas y oficinas. Conseguimos los materiales y Charlie los entrenó.

Es la manera que encontramos de canalizar la problemática de los chicos que salen de la cárcel y no tienen nada.

Es tragicómico, yo ahora me lo tomo con mejor humor, las anécdotas de los muchachos son increíbles, les pasan cosas insólitas para nosotros, que tenemos un montón de cosas resueltas.

Estamos empezando con eso, tenemos que ver un montón de cuestiones legales,  qué tenemos que hacer para cerrar el círculo porque empezamos a ver que muchos de los que salieron, volvieron a entrar.

Carmen: Para empezar muchas veces el círculo familiar les corta las relaciones a raíz de lo que hicieron, entonces, no tienen una familia que los esté esperando. Y como pasa, son personas que desertaron del sistema educativo muy tempranamente, tampoco tienen las herramientas, olvídate que puedan hacer un currículo. Ahora, por primera vez en el COMCAR hay una oficina del MIDES (Ministerio de desarrollo social) y están trabajando en el pre egreso. Pero en términos generales la mayoría sale con pocas herramientas.

La mayoría de las personas que hay hoy en situación de calle, son personas que salieron del sistema penitenciario.

Después tenemos los casos de personas que vivieron toda su vida en Instituciones, en trayectorias del INAU al INISA y de allí al COMCAR. Entonces ahí tenemos un problema como sociedad, ¿qué estamos pudiendo hacer y no estamos haciendo?

Tuve una conversación muy interesante con una persona que había estado privada de libertad en Florida y hoy trabaja en una fábrica que produce hamburguesas de soja. Empezó con el dueño de la fábrica yendo a buscar a esta persona todos los días hasta que lo puso a trabajar. Y entonces cuando te cuenta su experiencia de lo que es tener un trabajo y sostenerlo y lo que eso genera en los grupos de trabajo, da satisfacción. Es bien interesante de ver cuando las empresas se convierten en vehículos de la solución. Por suerte son cada vez más las empresas que le quieren buscar la vuelta para ser “parte de la solución”, pero tenemos que empujar mucho más porque es la pata que falta.

Juan Manuel: Hay mucha gente, privados y empresas que quieren colaborar. A mí me dicen “Che, queremos colaborar”. ¡Ok! Nosotros ahora no necesitamos dinero, precisamos gente que crea en nuestra cooperativa y nos de trabajo, en este caso para limpiar vidrios. Puede ser un edificio, una oficina o una casa.

Por otra parte, conseguimos una casa para aquellos que salen y no tienen a donde ir. Tenemos que establecer un estatuto y un reglamento, pero es para cuando salen, en vez de ir de nuevo a un cantegril que es donde caen de nuevo en toda la macana. Entonces les conseguimos una casa y les damos la opción de entrar en la cooperativa. Pero la tienen que gestionar ellos y aprender a trabajarla, que ellos mismos sean quienes se controlan. Pensamos que en definitiva la cooperativa va a ser quien los saque adelante a los que recién salen. Y ahí necesitamos apoyo desde lo que podría ser algún incentivo fiscal a quien contrate los servicios de dicha cooperativa.

La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo
Nelson Mandela

Sabemos que no es fácil, que puede haber algún problema y lo tomaremos como parte del aprendizaje.

¡Algo tenemos que hacer con esos chicos! son buena gente, generamos un vínculo, (los veo dos veces por semana, más que a mis amigos), vivimos cosas muy fuertes porque en la cancha es como con cualquier equipo.

Por suerte tenemos a este monstro de Charlie Gattica, que está siempre ayudando gente y él dice que es la Divina Providencia (La Divina Providencia es el concepto religioso por el cual una divinidad crea e influye en el universo, en especial la Tierra para el socorro de la humanidad. Es el dogma del teísmo, en oposición al deísmo que cree en un dios que solo es creador.) la que nos ayuda. Charlie consiguió la casa en La Capoeira para los chicos. Qué se yo, estamos haciendo todo eso.

Carmen: Yo creo mucho en las empresas sociales, que buscan resolver problemas sociales o ambientales, pero desde la lógica del lucro. El problema de las ONG o las organizaciones sin fines de lucro, es que terminas dependiendo de donaciones de privados y demás, en cambio si el programa Fénix tuviera una pata de una empresa social, que en definitiva ofrece un servicio, en este caso limpieza de vidrios, y cobra por ese servicio. Eso te dará posibilidades como generar un capital para ir re invirtiendo, creo que es por ahí. Hay un ejemplo muy interesante en un penal de Mendoza (Argentina), unos chicos muy jóvenes, que tienen una empresita donde reciclan neumáticos y hacen calzado y trabajan con gente privada de libertad y son un ejemplo. En Uruguay todavía la venimos corriendo de atrás con las empresas sociales pero en el mundo es una tendencia.

¿Por qué lo hacen?

Juan Manuel: Hace unos 10 años hicimos el grupo de boxeo acá en Old Boys y fui a entrenar una vuelta con Aníbal Andrade, “El Negro”. Él entrenaba a un chico que estaba preso en Punta Rieles, y fuimos a hacer un entrenamiento. Después hicimos una velada acá en el club que salió espectacular. Al chico lo trajeron en un operativo policial y del Ministerio del Interior. Salió solo para pelear y volvió a la cárcel. Esa experiencia fue tremendamente positiva para él y quedamos en contacto, hicimos un vínculo grande. Cuando salió del penal le ayudamos a conseguir trabajo, empezó a trabajar en el Disco de Punta Carretas. Después me fui a vivir a Punta del Este y cuando me enteré que estaban por arrancar con el programa acá en el penal de Las Rosas me contacte con Camardón y arranqué. Lo que más me llamaba la atención era la cantidad de gente inactiva que había. En las Rosas son casi mil tipos. No hacían nada en todo el día ni tampoco producían. De esos mil, hay un 20% que están afuera del sistema, casi que no se pueden recuperar pero ¿el resto? Eso me motivó y después también empezar a hablar con Carmen, con quien somos amigos desde hace años, de lo que estábamos dejando a nuestros hijos…nosotros capaz que ya no llegamos a cambiarlo, ojala que sí. Tenemos que tratar de dejar algo mejor en materia de seguridad.

Carmen: A mí me toca hoy ser Senadora, pero a mí las leyes en sí no me apasionan. Me apasiona sí, desde chiquita, intentar cambiar realidades, todo lo que tenga que ver con poblaciones vulnerables y tengo una tendencia a hacer un trabajo que escapa un poco a lo que sería el trabajo típico de legislador, que es más del palo de la acción. Y cuando me metí en este tema me pregunté ¿Cómo puede ser que no hayan estado juntos los actores de la sociedad civil y las del estado que trabajan en este tema, que no haya habido sinergia?

Yo uso esta analogía. Cuando trabajaba desde la sociedad civil, yo iba remando con un remo de 10 centímetros. Y ahora, en este lugar que me toca ocupar, me dieron un remo de un metro y medio. Así que digo ¡Pah! Con este remo avanzo mucho más rápido. Me tiraron tiburones y muchas más tormentas que antes, pero tengo un remo de un metro y medio. Así que lo estoy usando para traer gente como Juan Manuel y otros con sensibilidad, ganas y energía para cambiar una realidad tan cruda.

Según Ovidio, «cuando el Fénix ve llegar su final, construye un nido especial con ramas de roble y lo rellena con canela, nardos y mirra, en lo alto de una palmera y entonando la más sublime de sus melodías, expira.

A los tres días, de sus propias cenizas, surge un nuevo Fénix y cuando es lo suficientemente fuerte, lleva el nido a Heliópolis, en Egipto, y lo deposita en el Templo del Sol”.

Como el nuevo Fénix, acumula todo el saber obtenido desde sus orígenes.

Un nuevo ciclo de inspiración comienza.

Fotografías

Gastón Graña
Jesús Giraud
Ignacio Naón

Retoque digital

José Luis Rodríguez

  • El camillero de Jesús

En el segundo capítulo del evangelio de Marcos, se describe a un grupo de personas, los camilleros, que se dedicaban a llevar enfermos antes Jesús para que los cure. Dice “Los mueve el amor al enfermo y la fe en Jesús. Fe y amor forman una mezcla explosiva: reducen la distancia entre Dios y los hombres. Los camilleros avanzan en grupo, unidos, en movimiento. Uno solo no puede llevar una camilla con un enfermo encima. Los camilleros están organizados, forman un cuerpo. Supeditan su voluntad propia al bien común. Son expertos en abrir boquetes. En unir la tierra y el cielo.
En llevar a los hombres a los pies de Jesús.

¿Cómo es tu nombre?
Mi nombre es Carlos Alberto Gattica Zianoli.

¿Dónde naciste?
En París, en Francia.

¿Cómo fue tu vida?
Somos una familia de doce hermanos. Diez varones y dos mujeres. Yo soy el mayor. Me fui de la casa de mis padres a los 13 años. No sé si queres que cuente estas cosas pero bueno, es mi vida. Me fui a vivir a la calle. Allí conocí la droga, el delito. Caí primero en un Instituto de menores detenido, después en cárcel de mayores. Hasta que en un momento determinado estaba preso en una cárcel en Chile, en la de Mapocho, cárcel central. Y ahí me cayó la ficha, que no quería más ese tipo de vida. Y bueno, yo soy bautizado en la iglesia católica y cuando éramos chicos mi madre siempre nos decía que le rezáramos a la virgen, que se le podía pedir a ella. Yo tenía ese concepto, no sabía ni como se rezaba pero sabía que podía ser posible. Y le pedí estando preso, que si me conseguía la libertad, yo iba a cambiar de vida. Iba a ser una buena persona, no iba a cometer  más delitos, no me iba a drogar más, iba a ser un buen ser humano. Le prometí eso.
Y quedé libre gracias al Presidente de la Corte Suprema de Chile que mi madre lo conocía y le pidió por mi libertad y me dejó libre.

¿O sea que sos una persona de clase alta?
Teníamos campos en Chile, para ubicarte. Mi familia se fue de Chile cuando ganó Allende. Se fueron y yo quedé preso. Ellos se vinieron a Punta del Este donde teníamos una casa.

¿En dónde estudiaste?
No estudié. Deje el colegio deje todo de muy chico.

¿Pero qué te pasaba? Dejaste el colegio a los 12, te fuiste de tu casa a los 13…
No me copaba nada, son cosas íntimas de familia pero te podría hablar horas sobre violencia familiar.

¿Te acordas por qué caíste preso en Chile?
Sí, mi especialidad en esa época eran Fiat 600 y  me dedicaba a eso, a ese tipo de delitos.

¿Sos un hombre de rugby?
Sí, pero lo conocí de grande, cuando salí del penal en Chile y regrese a Argentina me fui a vivir a Bella Vista y me invitaron a jugar en Regatas. Yo no sabía que era el rugby. Me preguntaron si era rápido cosa que sí era, me explicaron que había que correr con la pelota ovalada y apoyarla detrás de una línea, que me podían agarrar si tenía la pelota y que si la tenía el contrario lo tenía que agarrar de la cintura para abajo. Y listo. Jugué en Regatas, en Pueyrredón y después cuando tuve hijos me invitaron a llevarlos al SIC. Ya viviendo en Uruguay, invitado por su Presidente Hugo Ceretta fui al CUPRA (Club Universitario del Prado) a dar una mano. En esa época yo jugaba en Pueyrredón, me entrenaba Papuchi Guastella con quien tenía una tremenda relación, lo llamaba y me decía “hace esto, hace lo otro” ¡y nos fue bien con CUPRA!

¿Cómo llegaste a Los Espartanos?
Yo me dedico a recuperar adictos y delincuentes, esa es mi misión, lo hago hace muchísimos años, vivo de la providencia de Dios, no cobro por lo que hago y estando en una de las villas más grandes de Argentina, La Cava, comencé a visitar presos en la cárcel de San Martín.

Allí un día me cruce a  Eduardo “Coco” Oderigo. Él iba a enseñar rugby y yo a visitar presos que tenían familia en la Cava. Me invitó a ir los martes y jueves a hacer rugby con Los Espartanos, recién empezaban y necesitaban ayudantes.

¿Nos podes contar brevemente la historia de Los Espartanos?

Coco es abogado penalista. Fue a ver un cliente a la cárcel y quedo impresionado con la cantidad de jóvenes que había haciendo nada. Pensó que eso era un desperdicio de vida. Pidió una audiencia con el director de la cárcel y le propuso enseñar rugby a los presos. La respuesta fue tajante “De ningún manera. Es un deporte violento, practicado por gente violenta, va a ser un desastre”. Coco le respondió “Es todo lo contrario, el rugby es un deporte de bestias practicado por caballeros, con un montón de valores”. El director del penal le hizo firmar un documento de responsabilidad y le hizo saber que en lo único que lo podía ayudar era en llevarlo al patio y que él le explique a los internos cual era la idea. Y eso hizo Coco, con tan mala suerte que en el momento que entra al patio, se arma una pelea entre bandas con facas, y Coco con la pelota de rugby en la mano, primero mirando y después corriendo para el lado del alambrado, no sabía dónde meterse. Hasta que aparecieron los guardias y disolvieron el motín. Y Coco se fue, con la pelotita de rugby y nada… Fue nuevamente a pedir otra oportunidad ¡y el director de la cárcel se la dio!  Entró Coco mientras los internos jugaban al futbol, les dijo “Hola, yo vengo con esta pelotita que es de rugby y les vengo a enseñar un deporte nuevo, que es divertido”. Y así empezó.

Yo me sume al segundo año, en 2012. Empezamos a jugar en una cancha que era de tierra y piedritas, un rallador de carne humana. Y ahí le dábamos. Lo primero importante fue un partido contra una universidad de Estados Unidos, dentro del penal. Ganamos y uno de los yanquis salió en silla de ruedas. Después, un equipo de Inglaterra, también les ganamos. Obviamente para nosotros el rugby se juega en una cancha de tierra y piedras, o sea, para nosotros era común, pero para los visitantes no…jajaja. Y empezamos a tomar vuelo. Vinieron los All Blacks a jugar al penal, así se fueron dando las cosas. Después de la cárcel nos juntábamos en el SIC para comer algo, evaluar lo que había pasado y planificar y un día, uno dijo “Hagamos una gira a Sudáfrica con los Espartanos que están en libertad”, como una broma. Pero insistió y se empezó a armar. Cuando Coco vio que la cosa venía en serio, nos agarró “Paren. Si vamos a hacer una gira, vamos a Italia a ver al Papa que es argentino, jugamos allí al rugby. Vamos a asegurarnos de que la gira sea un valor, no solo chacota.” Yo soy amigo del padre Pepe que es un cura que trabaja en las villas y Coco me pidió para ir a verlo, para consultarle qué le parecía esto de la gira con la gente que salía de la prisión, si realmente tenía sentido hacerla. “Obvio que sí, pero espera” fue la respuesta de Pepe, “yo tengo un reportero del observatorio romano que el Papa envió a vivir aquí a la villa conmigo, le voy a decir que les haga una nota”. Cuando el Papa leyó la nota, pidió que cambiemos la fecha y el itinerario de la gira, para ir a verlo. Y así fue. Jugamos un partido en una cárcel en Turín, que fue espectacular. Fue la primera vez que veíamos una cancha de rugby de verdad. Césped sintético, tribunas, como era una cárcel de hombres y mujeres ¡tenían porristas! Una cosa increíble.

¿Cómo llegas a Fénix?

Yo estoy conectado con el club Lobos en Punta del Este porque conozco al Chelo Calandra, el presidente. Lo recibí cuando empezó a jugar al rugby, en el CUPRA y así lo conocí. Obviamente cuando llegué a Punta del Este lo llamé y me comentó que estaba con esta movida de rugby en el penal de Las Rosas, con Gonzalo Camardón. Lo llamé a Gonzalo y fuimos al penal. Así empezó y de alguna manera Fénix es la continuidad de Espartanos, en otro penal y en otro país, pero la filosofía es la misma: gente presa que quiere una segunda oportunidad y a través del rugby la encuentran. Nosotros conocemos adentro, el rugby es una herramienta para que cuando salgan tengan otra oportunidad realmente.

¿Cómo trabajan el día después? Cuando salen del penal.

Vamos a aclarar una cosa. De la población carcelaria, de cada 100 personas que están privadas de su libertad, se comprometen a intentar vivir, para tener una segunda oportunidad, 10. Personas que desde lo más profundo de su corazón, quieren cambiar de vida. No saben cómo y ven en  nosotros la oportunidad de cambiar códigos carcelarios por valores humanos, una oportunidad que de verdad quieren tomar. Y eso es lo que pasa con  nuestros jugadores de rugby tanto en Argentina como aquí en Uruguay. Respetamos el pensamiento de aquellos que no quieren, esto es libre. Es para el que quiere una segunda oportunidad en su vida. Y los que la toman se comprometen, ellos quieren. Ese es el verdadero valor: ellos mismo, quieren…y nosotros, obviamente, como en cualquier club de rugby les ofrecemos camaradería, solidaridad, respeto, igualdad, sos importante, somos un equipo, somos rugby, simplemente, no importa la edad, somos rugby.

«Los entrenadores trabajan los temas de compañerismo, amistad y siempre nos presentan proyectos nuevos de trabajo. Nos muestran esa segunda oportunidad y nos ayudan a conseguirla»
Maicol

¿Cómo ves esta historia de acá para adelante? ¿Sos optimista?

En el caso puntual del Uruguay, hay que desmitificar al espantoso delincuente y asesino, tenemos que sacarle el rótulo que dice delincuente y entender que pueden ser personas que merecen una segunda oportunidad, tratarlo de igual a igual. Eso es lo que tenemos que cambiar en la sociedad, a través de hechos concretos, no tanta teoría. Nosotros con este proyecto ya tenemos varios “Fenix” en libertad con quienes estamos en contacto. Formamos una cooperativa de limpiavidrios y estuvimos limpiando en el shopping de Punta del Este, obviamente la cooperativa es un deseo de palabra, y una excusa para juntarnos. Nosotros somos los responsables de escribir nuestra historia. No hace falta curriculum de nada, solamente el deseo y la actitud de vivir con responsabilidad esta segunda oportunidad. Es lo que estamos haciendo y funciona. Creo que esta es la única manera eficaz para resolver un problema que nos aqueja, que es la seguridad.

Este es el trabajo verdadero, brindar tu tiempo para una persona que quiere una segunda oportunidad. Eso, en el ambiente de ellos se transmite. Los otros, desconfiados, miran y ven que funciona y eso contagia. Esto es así, aquí y en Argentina. Allá estamos “a full” y acá estamos empezando. Creo que venimos bien.

¿Existen muchos “Charlies” trabajando en este tema? Porque se necesitan muchos para lograr un cambio.

Hay muchas personas con buena voluntad que es muy importante, están dispuesta a donar su tiempo. Otras personas que no pueden donar su tiempo, donan bienes económicos, que son necesarios también. Formamos un equipo, unos sin los otros no podemos funcionar, es como un equipo de rugby: Hay lugar para todos. Además de la limpieza de vidrios, estamos con un proyecto para fabricar jabón y shampoo orgánico. En fin, le estamos buscando la vuelta.

¿Si soy de los que no pueden donar tiempo pero sí dinero, cómo hago?

Es muy simple, pueden llamar a cualquiera de nosotros, Juan Manuel Bado, Gonzalo Mieres o a mí  y decirnos “mirá, quiero sumarme a tu proyecto”.

Nosotros pensamos que esto puede colaborar para mejorar la seguridad pública y para darle una segunda oportunidad a muchas personas. Así de simple.
En este momento ¿qué nos falta? Nos faltan botines, no tenemos botines para todos. Tobilleras, porque hay muchos esguinces, por el lugar donde jugamos. Pero más que nada lo que necesitamos es aporte de compromiso, saber que estás. Porque a través mío, ellos saben que hay una persona que los está ayudando y se produce una energía ¡que SI!, va por ahí. Es lo más difícil de lograr.
Terminamos la entrevista con Charlie y cuando le estábamos quitando el micrófono nos dice riéndose “Y ahora nos vamos al semillero de Las Rosas (Penal de Maldonado) a enseñar rugby: el barrio Kennedy.
No pudimos hacer otra cosa que acompañarlos.

Queremos terminar mencionando el final casi profético de una nota que escribió nuestro amigo Frankie Degees, periodista argentino en 2009, después de haber visitado y compartido muchos momentos con personas privadas de libertad que jugaban al rugby en la cárcel, para escribir una nota “Por suerte, el virus del rugby sigue contagiando”.

Fotografías

Gastón Graña
Jesús Giraud
Ignacio Naón

Retoque digital

José Luis Rodríguez