Es la encarnación viva del espíritu de Old Boys & Girls. Fue la mascota del equipo campeón en 1975 y el jugador azulgrana electrizante del Seven de Punta del Este durante la década del 90.
Gabriel Alonso, El Bull, desnuda su alma y revela cómo la potencia que lo definió en la cancha evolucionó, con los años, hacia la paciencia del formador de juveniles, la firmeza del dirigente comprometido y la ternura incomparable del ser abuelo.
Un viaje visceral por el rugby en las buenas y en las malas, la pasión por el campo y el legado de una vida compartida en familia.
¿POR QUÉ TE DICEN BULL?
Pedro (Bordaberry) empezó a decirme Bulldog en práctica allá por el año 81. Pero después la gente me empezó a llamar Bull por mis características de juego, era muy rápido, potente y aguerrido. Incluso a los pocos años todos los rivales ya me conocían por “Bull”.
Fue muchísimo antes de que llegaran los Sevens. Inclusive ya en la gira a Chile del 85 todos me llamaban “Bull” al punto que, hasta el día de hoy, hay mucha gente que no sabe que mi nombre es Gabriel.
Para muchos inclusive ya fuera del rugby soy el Bull Alonso.
LA GENTE QUE TE CONOCE DICE QUE TENES TRES GRANDES PASIONES. LA PRIMERA ES EL RUGBY ¿QUÉ FUE LO QUE ATRAPÓ DE ESE DEPORTE?
Empecé a jugar al rugby en el colegio. Yo siempre les cuento a los chicos que jugué con todos los puntajes de try: de tres, de cuatro y de cinco. Y empecé a seguir a Old Boys en 1975, justo el año que salió campeón. Yo era la mascotita.
Ese año además de los jugadores y técnicos obviamente, hubo dos personas que no se perdieron ningún partido en todo el año. Uno era Cacho Trelles, el padre de Pape y Nano que jugó en el club. Cacho era el lineman oficial de Old Boys en todos los partidos.
El otro era yo. Ese año no falté ni un partido, es más, estaba en la cancha el día que le ganamos a Cachila en “la Bombonera” como le llamaban a su cancha y con ese triunfo salimos campeones conjuntamente con Cachila. En aquella época no había final, si quedaban empatados, eran campeones compartidos.
Desde esa época hasta hoy, he seguido a Old Boys.
El rugby tiene ciertos valores como equipo, te da eso de que si el de al lado no te acompaña… vos podés tener el mejor scrum del mundo, pero si hay uno que afloja, marchaste.
Vos podés tacklear mucho, pero si el centro que está al lado tuyo o el wing no tacklean, todo tu esfuerzo se transforma en nada. Es un deporte que te enseña lo que es el compañerismo, el respeto por el rival. Hemos tenido distintas batallas jugando al rugby, pero siempre terminamos en un tercer tiempo.
















































































